¿Eres víctima o guerrero?

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En el oleaje constante de la vida, se suscitan diversas situaciones en las que debemos responder con valor, inteligencia, honestidad y madurez. Sin embargo, en el mundo existen diferentes tipos de personas, con diferentes tipos de actitud y diferentes formas de enfrentar los retos, los problemas, las crisis o las tragedias.

Todos tenemos una historia triste que contar de nuestra vida. A todos nos suceden cosas que pueden provocarnos tanto dolor, que es muy difícil asimilarlas, procesarlas, vivirlas y superarlas. Pero todos tenemos la responsabilidad de hacerlo en orden de poder seguir adelante y continuar creciendo en estatura moral.

En general, hay dos grupos de personas: las víctimas y los guerreros. ¿En cuál de éstos podemos clasificarnos a nosotros mismos? Las víctimas son aquellas que sufren un daño, buscan al culpable, lo identifican, y se colocan en una posición doliente, sometiendo su voluntad a sus emociones. Las víctimas prolongan su sufrimiento y encuentran placer en responsabilizar a otros por éste. Buscan constantemente la oportunidad de redundar en el mismo punto, viven cómodamente atados a las experiencias del pasado, e intentan trasladar estas al presente.

Las víctimas anulan su resiliencia, cancelan sus facultades, atrasan su desarrollo personal y truncan su proceso de maduración. Necesitan que alguien sienta lástima por ellos. De ese modo se sienten valiosos, e imaginan que en esa posición estarán seguros. Las víctimas no renuncian a sufrir, entregan el control de su destino a otros, se someten a toda circunstancia, se rinden permanentemente y ahogan su voluntad. Las víctimas buscan quien las abuse, y encuentran placer en lamentarse.

Los guerreros, en cambio, sufren un daño, identifican al culpable, dejan aflorar sus emociones, luego procesan lo ocurrido, sopesan las circunstancias, aprovechan la oportunidad para salir de sí mismos, utilizan su inteligencia, se auto-protegen, toman las tijeras, cortan el cordón que los une a la persona o situación que les causó el daño, y como personas independientes, mediante una voluntad firme y el fortalecimiento de su fe, deciden luchar, perdonar, aprender, liberarse, luego caminan sin mirar atrás, dejan de lamentarse y se esfuerzan por sonreír.